Las autoridades australianas han puesto en marcha una investigación sobre un posible fraude alimentario tras una serie de pruebas forenses. El organismo de defensa del consumidor ha expresado su preocupación por el uso de etiquetas engañosas y la posible adulteración de productos vendidos en supermercados.
Según FoodNavigator Europe, los resultados de las pruebas han sido calificados de demoledores. La investigación se centra en determinar si las declaraciones de origen en los envases son precisas o si se está engañando a los consumidores sobre la procedencia de sus alimentos.