Una operación a gran escala ha desmantelado una red criminal que operaba en toda Europa. El grupo está acusado de sacrificar caballos que no eran aptos para el consumo humano y de distribuir la carne mediante métodos fraudulentos.
Según Food Safety News, los sospechosos presuntamente utilizaron microchips manipulados y documentación falsificada para ocultar la identidad real de los animales. En la investigación participaron cerca de 200 agentes y representantes de diversas autoridades.